Disculpe las molestias…

Toda mi vida ha sido igual. Para la derecha soy un peligroso masón criptocomunista y para la izquierda poco menos que un lacayo del tío Sam. Un ingenuo idealista entre los cínicos y demasiado realista para los románticos. Un delicadito afeminado para los machos de salón y un esencialista y homófobo de clóset para las feminazis y los inquisidores gay.

No hay un sólo rebaño que no me haya visto con desconfianza y aprensión. Y así está bien, la tibia comodidad de la manada no me seduce, me atraen los individuos que se comportan como tales, los rebeldes, los misfits, los outsiders…

Así que lo siento mucho, fanáticos, ortodoxos y dogmáticos de este mundo, la pertenencia acrítica no se me da. No es una pose, ni una manera de hacerme el interesante. Jamás abandonaré mi cerebro a las puertas de templo alguno. Eso es todo.

OEG