Oscar’s Oscars…
A una semana de la entrega de los Óscares, he aquí una lista, brevemente comentada, con mis películas favoritas del año pasado y también con la basura cinematográfica que más detesté en el 2011.
LO MEJOR:
- The Tree of Life.
La película del año. Un poema visual de dimensiones épicas. Malick nos transporta a los años cincuenta del siglo veinte y nos incrusta, no hay término más preciso, en el corazón de una joven familia texana de clase media, convirtiéndonos en espectadores extasiados de sus modestas existencias. Modestas, sí, pero rodeadas de belleza y profundamente significativas en su aparente nimiedad. Y es que la relevancia existencial no se mide en masa ni años luz y el desconsuelo de una madre no desmerece ante la fría inmensidad de los astros y resuena en cada rincón del universo. Decía Pascal que es peligroso mostrarle al hombre cuán semejante es a las bestias sin recordarle también su insólita grandeza. Esa es precisamente la intención del gran maestro texano cuando decide, en uno de los paréntesis narrativos más osados de la historia del cine, transportarnos al origen mismo del universo y regalarnos un paseo inolvidable y sobrecogedor a través de su historia. El ser humano es apenas un suspiro en esa vertiginosa inmensidad y sin embargo su presencia consciente dota lo que toca de sentido, y el amor o el dolor desencadenado por la muerte de un hijo son eventos cósmicos capaces de opacar el nacimiento de una estrella. Me parece increíble que alguien haya querido ver rastros de misticismo “new age” en una secuencia tan apegada a nuestra mejor tradición científica, del Big Bang a la teoría de la evolución, pasando incluso por esa maravillosa insinuación de que quizá los dinosaurios hayan llegado a poseer emociones tan complejas como la compasión o el altruismo. Desde luego que una ama de casa de la posguerra iba a invocar a Dios en medio de la desgracia, pero su clamor recibe silencio como única respuesta.
Pero lo demás no es silencio, sino una emotiva y lúcida crónica familiar vista principalmente desde una perspectiva infantil, a través de los ojos del hijo mayor del joven matrimonio. Está el entorno: una Texas semi-rural que se nos presenta como el lugar ideal para crecer y explorar a fondo esa etapa mágica y misteriosa de la vida. Están los amigos, los ríos, los perros y los animales salvajes. El ocio veraniego y el vandalismo a veces inocuo y otras cruel. Las primeras desgracias que, experimentadas a la distancia y en piel ajena, detonan una toma de conciencia paulatina pero incontenible. Está también una madre con alma de ninfa, dulce, bellísima y etérea. Y el padre, un músico frustrado, severo y ligeramente amargado pero responsable, honesto y afectuoso, sinceramente preocupado por formar el carácter de sus hijos. Están los hermanos y la envidia fraterna desencadenada por el intempestivo arribo de un elegido de los dioses, el hijo fatalmente favorito, uno se esos seres luminosos que con su sola presencia modifican la dinámica vital de quienes los rodean. Es precisamente su muerte la que provoca un cisma existencial en la familia y extiende su sombra sobre la vida adulta de su hermano mayor. La belleza de las imágenes, captadas con pericia técnica y sensibilidad avasallante por Emmanuel Lubezki, la frescura de las actuaciones (especialmente las infantiles y la de la angelical Jessica Chastain), y el virtuosismo desplegado en la sala de edición por Mallick y sus colaboradores, hacen que el espectador sienta que lo que ve no es ficción sino un fragmento de la memoria de alguien, un recuerdo vívido de colores intensos y sedosas texturas que invitan al abandono contemplativo y extático. Es como ser testigo presencial de la filmación del más hermoso documental jamás creado.
Mucho se ha escrito sobre la secuencia final de la película y en casi todos sus detractores detecto una apresurada e injustificada indignación, originada quizás en un sano escepticismo. Lo que me queda claro es que Malick no nos presenta una escena desde la vida después de la muerte (el personaje de Sean Penn no muere en ningún momento) sino, quizá, una representación visual de nuestros más profundos anhelos: Que al cruzar el umbral que nos separe de la vida, tengamos la oportunidad de reencontrarnos aunque sea brevemente con los seres queridos que se fueron antes que nosotros, para pedir perdón y otorgarlo antes de desaparecer por completo o seguir adelante.
En una época en que las fórmulas probadas una y otra vez y cada vez con menor gracia y el esnobismo hueco y soporífero, reinan en las taquillas y el aprecio de un público confundido, Terrence Malick nos muestra las cimas que el celuloide puede alcanzar cuando la ambición y el talento necesario para hacerla realidad se conjugan. Y tener la oportunidad de disfrutar de la mirada privilegiada de un auténtico maestro del cine, en la cima de su poderío creativo, es un honor inestimable.
- Drive
Lo voy a decir porque me gusta balancearme sobre el abismo de la blasfemia pero sobre todo porque creo que es la verdad: Ryan Gosling es el nuevo Steve McQueen. Y no pudo encontrar un mejor vehículo para exhibir sus dotes de héroe romántico y trágico (insobornable, imperturbable y enérgico pero al mismo tiempo conmovedoramente vulnerable), que esta joya del demente Nicolas Winding Refn. Todo en este vertiginoso viaje nocturno colinda con la perfección: el casting, las actuaciones (con un Albert Brooks genial que consigue robarle un poco de cámara al hipnótico Gosling), las persecuciones, las sobrias y estilizadas escenas de violencia, la increíblemente fotogénica ciudad de Los Ángeles y por supuesto la mejor banda sonora del año, una auténtica maravilla que más que acompañar las imágenes las dota de una etérea permanencia. En un mundo en el que todo aspira a ser “cool” sin conseguir casi siempre sino hacer el ridículo, no es un logro menor de Winding Refn haber conseguido encarnar tan inaprensible cualidad en su lacónico y taciturno chofer… chamarra con escorpión incluida.
-Rise of the planet of the apes:
El blockbuster veraniego del que pocos esperaban algo y terminó sacando la cara por el cine hollywoodense y colándose en cualquier cantidad de listas con lo mejor del año cinematográfico. Una película emocionante, inteligente y entrañable que demostró una vez más que la calidad y la complejidad no están peleadas con la taquilla. La larga secuencia final tiene más acción, adrenalina y drama que todas las películas de Michael Bay juntas.
- The descendants
Pocos directores de cine son capaces de dotar sus obras con una atmósfera inconfundible. Alexander Payne es uno de esos raros especímenes que le dan sentido a la teoría del autor y en este caso en particular vuelve a imbuir una historia originalísima con su peculiar y lacónica visión de la vida, a un tiempo trágica y melancólica pero luminosa y esperanzadora. Una modesta joya que brilla a base de finísima ironía.
- Margin Call
Una película casi perfecta, incomprensiblemente ignorada por la academia. El guión es espectacular. La historia, basada en la quiebra de Lehman Brothers que desencadenó la más grande crisis financiera desde los tiempos de la gran depresión, resuena con una actualidad escalofriante y las actuaciones están a la altura de un reparto de lujo. Es incomprensible que un bodrio infumable como “The ides of march” le haya robado reflectores a una obra tan relevante cultural, política y socialmente hablando.
- Moneyball
Esta no es únicamente una película sobre Beisbol, es un ensayo que, basándose en las ideas del gran Daniel Kahneman (padre de la “economía del comportamiento”), busca poner en evidencia la incurable tendencia a la irracionalidad del ser humano. Pero también, desde luego, es una película sobre beisbol y no sólo eso, sino una excelente película sobre beisbol. Lo cual no es fácil de encontrar y, al menos ante mis ojos, eso la convierte en un tesoro invaluable. Brad Pitt, por cierto, está fantástico en su papel de perdedor asqueado del sabor de la derrota.
- Tinker Tailor Soldier Spy
Un auténtico manjar de paranoia, suspenso, traición y flema británica. La calidad del reparto da vértigo y ese gran camaleón llamado Gary Oldman logra encarnar al mítico George Smiley de forma tan convincente que hasta el más exigente lector de Le Carré quedará satisfecho. Advertencia: No hay balazos, explosiones, ni tetas… Este es un cine inteligente y de deliciosa complejidad.
- Take Shelter
Michael Shannon vuelve a demostrar que es un virtuoso de la actuación en este drama piscológico rebosante de paranoia apocalíptica, ideal para los tiempos que corren. Una película originalísima y por momentos francamente aterradora. Jessica Chastain está maravillosa como una esposa dispuesta a llevar hasta las últimas consecuencias el amor que siente por su marido. He aquí una auténtica joya a la que los imbéciles de la Academia decidieron ignorar… ¿Demián qué?
- La piel que habito
Una historia con una premisa originalísima y subversiva aunque desigual en su ejecución, que nos demuestra que Almodóvar es capaz de crear obras relevantes aun en sus momentos de menor inspiración.
- The flowers of war
Veinticinco años después de su maravillosa actuación en El Imperio del Sol de Spielberg, Christian Bale regresa a China durante la ocupación japonesa, en una épica impecable y emotiva del maestrazo Zhang Yimou.
- Cave of forgotten dreams
Herzog en su elemento, transmitiéndonos su pasmo y especulando brillantemente sobre un pasado tan remoto que apenas y podemos vislumbrar. ¿Caminó realmente ese niño hace quince mil años junto a un lobo? ¿Eran amigos o uno la presa indefensa del otro? Son estas maravillas las que pueden llegar a enamorar a un niño o a un adolescente de la milagrosa y perpetuamente inquisitiva curiosidad científica. Una película imperdible para cualquier ser humano con fuego en el alma.
- Project Nim
Una exploración desgarradora de nuestra difícil y siempre trágica relación con la naturaleza. Una obra indispensable que exhibe la frivolidad de gran parte de la experimentación con animales y el simplismo bobalicón que yace en el fondo de toda idealización de la naturaleza. Los paralelismo con “The rise of the planet of the apes” hacen que disfrutarlas una después de la otra y sin importar el orden, sea una experiencia sumamente estimulante y disfrutable. El mejor documental del año.
- Hugo
Un sentido canto de amor al arte de narrar con imágenes en movimiento. El homenaje de un gran maestro a uno de los pioneros indispensables del arte cinematográfico. Todos los niños inteligentes y los adultos libres del mundo pasarán un momento inolvidable y enriquecerán su espíritu con este insólito y deslumbrante manjar Scorsesiano.
- Midnight in Paris
Este no es más que un festival de clichés y lugares comunes literarios e históricos que sin embargo resulta una experiencia entrañable e inolvidable. Ojalá todos los clichés del mundo fueran tan hermosos, interesantes y simpáticos como los que emplea Allen para tejer su cuento de hadas parisino. Nunca una película tan mala había sido tan buena…

LO PEOR:
-Melancholia
Decía Roberto Bolaño que la vida sólo merece la pena ser vivida en la adolescencia y que esa maravillosa y menospreciada etapa vital puede prolongarse tan lejos como la libertad del individuo. Y tiene mucha razón, aunque sólo si lo que se busca es preservar las virtudes más preciosas y frágiles de la adolescencia, esas que regularmente quedan sepultadas muy pronto bajo un basurero espiritual de cinismo, fealdad y claudicación, que los imbéciles suelen cubrir con el manto de la pía palabra “madurez”. Me refiero a la nobleza, a la generosidad y curiosidad sin límites, a la inconformidad perpetua y la capacidad de asombro, a una ingenuidad a prueba de cinismos derrotistas y a esa indignación incurable ante la injusticia y estupidez del mundo “adulto”. Por eso es importante recordar que Bolaño escribió lo anterior mientras divagaba en torno a la figura de Huckleberry Finn, el entrañable e insuperable héroe adolescente creado por Mark Twain. Pero hay formas de convertirse en un púber eterno mucho menos simpáticas o edificantes. ¿Qué pasaría por ejemplo si alguien decidiera basar su proyecto de inmadurez vitalicia no en el maravilloso Huck sino en Beavis o Butthead?
Ese es el caso de Lars von Trier, un payaso bobalicón e insufrible al que el mal gusto de la época ha elevado al rango de “autor” aunque su abominable obra esté lejos de merecerlo. El suyo es un intelecto subdesarrollado y pueril que gusta de solazarse en el maniqueísmo más estúpido y simplista como un cerdo se revuelca en la inmundicia. Por eso es tan descorazonador ver cómo un tipo sin ningún talento evidente es tomado en serio por amplios sectores de la crítica mientras aprovecha el prestigio de foros cinematográficos importantísimos para exhibir sin pudor su arrogancia impotente. Desde el inicio de su carrera, von Trier se ha caracterizado por confundir la tragedia con el melodrama más barato y lacrimógeno y por frivolizar cualquier tema que tenga la desgracia de caer en sus torpes pezuñas.
Melancholia no podía ser la excepción. Y con una estética digna de una campaña del Palacio de Hierro y la acostumbrada cámara con Parkinson que hace que su cine sea nauseabundo en el más estricto sentido del término, nuestro héroe decidió embarcarse en la modesta misión de explorar el misterio de la depresión en un contexto apocalíptico. El resultado es un bodrio infumable e indignante. Cualquier persona que haya sufrido los embates del terrible perro negro de la depresión sabe perfectamente que es un tema no apto para un pintor de brocha gorda como von Trier, enemigo mortal de la sutileza. El personaje encarnado por Kirsten Dunst es tan grotescamente caricaturesco, irritante y antipático, que es un insulto a la inteligencia del espectador, al talento de la actriz y al sufrimiento real de millones de seres humanos aquejados con ese mal mortal. Alguna vez leí con incredulidad y pasmo que un importante crítico opinaba que una de las virtudes innegables de von Trier era su capacidad para “entender muy bien a las mujeres”. Creo que es el comentario más misógino que haya leído en mi vida y si fuera mujer me habría sentido más ofendida con ese disparate que con cualquier despropósito machista emitido por el Vaticano. El ridículo y condescendiente “hembrismo” de von Trier sólo es comparable al de Stieg Larsson, su vecino nórdico. Y cualquier ser humano que comparta esa visión caricaturizada y torpemente idealizada de la mujer, sabe tanto del temperamento femenino, o de la naturaleza humana, como un nazi de genética.
La triste realidad es que el espíritu obtuso y soez de Beavis y Butthead no ha muerto, vive en Dinamarca encarnado en un pobre diablo sobre-alimentado y pretencioso que envejeció sin madurar y se dedica a engañar bobos con una obra inane, hueca y efectista que no merecería la atención ni del más miope consumidor de “cine de arte”…
-The ides of march
No puedo ni siquiera explicarme el motivo de la existencia de esta película. La historia es tan trillada y predecible que hasta el espectador menos curtido sabe lo que va a pasar desde la primera secuencia. Y sin embargo también quiere creer que se equivoca, que el producto ultra promocionado e inflado por la crítica que tiene enfrente es algo más que la enésima, tediosa, crónica de la caída de un político provocada por un escándalo sexual. No hay ni el más mínimo asomo de originalidad, renovación (¿por qué no pensar en un político conservador y defensor del matrimonio tradicional y los valores cristianos que oculta una vida homosexual en el ropero, por ejemplo?) o de complejidad en una historia que termina siendo sólo un capítulo más, aunque sobre-producido y extendido, de “Mujer, casos de la vida real” con aborto y suicidio incluidos… Es una pena que una película infinitamente más seria y relevante como “Margin call” se haya perdido en el ruido que promueve basura como esta.
- El caballo de Turín
Dice Borges en “Fragmentos de un evangelio apócrifo”: Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria. En el cine lo mismo se podría decir de los que saben que el tedio no es una corona de profunda complejidad. Desde luego que hay tedios fructíferos, obras de arte aparentemente aburridas pero con médula, que exigen del espectador atención y paciencia para revelar su magia. Pienso en el cine de Tarkovski o Ingmar Bergman, por ejemplo. Pero este calvario de dos horas y media de duración no forma parte de ese exclusivo club y es necesario denunciar a Tarr, un charlatán que anticipó con impecable intuición y envidiable cálculo económico la reacción de su público cautivo: esa gente que prefiere morir de aburrimiento antes de atreverse a cuestionar la existencia del traje invisible del emperador o la brillantez del gran director (¡es húngaro y filma en blanco y negro!). Lo único que se me ocurre decir de esta tomadura de pelo es que plasma de manera inmejorable la idea que un hombre estúpido tiene del cine inteligente.
- Miss Bala
Esta es, por mucho, la peor película que tuve la desgracia de ver este año y quizá en toda mi vida. Un carnaval de desatinos bochornosos sin paralelo. Me duele decirlo porque soy un fiel admirador de la ópera prima de Naranjo, la delicada y hermosa Drama/Mex. Pero este bodrio es imperdonable. Las actuaciones son espeluznantes y más que pena ajena dan lástima. El guión es un carnaval de incoherencias, lugares comunes y disparates que parece escrito por un paranoide oligofrénico. Cuando alguien pretende tocar un tema tan complejo y espinoso como el de la guerra contra las drogas es indispensable que se prepare y lo conozca a fondo, a riesgo de terminar haciendo el ridículo. Pero las “ideas” de esta gente tienen un largo camino qué recorrer antes de poder ser consideradas siquiera como simplistas o esquemáticas.
En medio del desastre y el caos narrativo, uno alcanza a adivinar que los creadores de esta abominación están en contra de la prohibición y la violencia inútil, hipócrita y absurda que genera una guerra sin sentido. Pero el único mensaje que logran transmitirle a los prohibicionistas furibundos es que sus detractores pueden llegar a ser tan imbéciles como ellos. Aunque, y esta es la única cualidad redentora que le encuentro a este fiasco patético, al menos la idiotez de los críticos de la “guerra contra las drogas”, por más desesperante y antiestética que sea, no es cómplice en la muerte de miles de seres humanos ni en la erosión del sistema democrático de países enteros.
- Sucker Punch
Zack Snyder terminó de derrochar la credibilidad que alguna vez poseyó con este despliegue obsceno de superficialidad empalagosa. Ni siquiera Baz Luhrmann en un mal día sería capaz de crear un producto tan trivial y vomitivo. Creo que eso lo dice todo.

OEG
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